[ES] Cuando la productividad se vuelve identidad
[ES] Cuando la productividad se vuelve identidad

“Si no produzco, ¿qué valor tengo?”

Tanto en el mundo académico como en el mundo empresarial, la productividad rara vez se presenta solo como una métrica. Con el tiempo, empieza a ocupar otro lugar más silencioso, en el cual ya no se trata únicamente de lo que hacés, sino de quién sos cuando hacés… y, sobre todo, de quién parecés ser cuando no.

En los entornos donde el valor se mide en resultados, el “hacer” se confunde con el “valer”: si produzco, valgo y si no produzco, hay algo mal conmigo. Esta lógica, desafortunadamente, suele beneficiar más a quien recibe los frutos de esa "productividad" (un@ jef@, una institución académica, una revista) que a quien efectivamente produce.

Cuando la productividad está ligada a la identidad, descansar más que pausar es exponerse. Por eso muchas personas dicen “descansé”, pero en realidad solo cambiaron de tarea: el sistema interno sigue activo, la planificación pasa al plano mental.

Y no es que no sepamos que descansar es necesario, sino que muchas veces descansar sin producir pone en juego el valor propio.


¿Qué pasa cuando la productividad baja?

Toda trayectoria profesional tiene momentos de menor rendimiento: cansancio, contextos personales, cambios de etapa, procesos largos sin resultados visibles. Cuando la productividad está separada de la identidad, estos momentos incomodan, pero se transitan.

Cuando están fusionadas, se viven como una amenaza al yo profesional y personal. Junto con la baja de productividad, baja también la autoestima, la confianza y la sensación de legitimidad.

Muchas veces, sumado al agotamiento laboral, existe también un agotamiento asociado a tener que sostener la imagen de alguien que siempre rinde. Decir que sí cuando no hay energía, responder rápido para parecer disponible, seguir produciendo para no “desentonar”.

Muchas veces esta es nuestra forma de adaptarnos a un sistema que premia la visibilidad del hacer, pero no registra (ni legitimiza) el costo interno.


Separar valor de rendimiento

"Separar el objeto de mi mism@", que es como solemos mirarlo en las sesiones de coaching, significa reconocer que hay momentos donde el objeto puede ser mejor o peor, pero eso no habla de mi valor como persona.

Significa también recuperar la capacidad de decidir cuándo dejar de ponerle tiempo y energía al objeto, cuándo ya es suficiente, y cuándo elijo que mi objeto no esté al 100% sino a un 70% para que mi energía pueda ir a otra cosa.

Ni los momenentos de alta producción ni los de baja visibilidad dicen nada esencial sobre nuestra capacidad ni nuestro compromiso. Y, más importante aún, seguir rindiendo a cualquier costo no es sinónimo de excelencia.

Será que tal vez el malestar no aparece cuando trabajás mucho, sino cuando sentís que no podés no trabajar sin ponerte en cuestión?

Tal vez la pregunta no es ¿cómo vuelvo a ser productiv@?, sino: ¿qué parte de mi identidad está atada a producir sin pausa?

Si este tema te inquieta, puedo ayudarte.

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